Skip to content

No es miedo, es nervio

19 septiembre, 2009

dibujos-imagenes-foto-mareo-p11818

votar

Uno de los temores infantiles más conocidos es el miedo a las agujas. Que una cosa metálica, aguda y fría se te introduzca debajo de la piel no es precisamente un placer. Y menos para una cría que no entiende por qué mamá le lleva a un sitio que huele raro, lleno de gente desconocida en bata. En particular, una señora gorda que te dice: “Tranquila, que sólo te va a picar un mosquito…”. Vamos, es para decirle: “Pues señora, usted es el mosquito más gordo que he visto en mi corta vida…”

Una vez terminado el mal trago (o antes si ya sabes lo que te espera), te desahogas llorando y en paz. Pero si ya vas a 5º de EGB, tienes casi doce años y te van a vacunar de hepatitis B en la misma escuela, lloriquear como una nena de cuatro años es una vergüenza pública.

Aquel día estábamos en clase, resolviendo los ejercicios que nos acababa de mandar la profesora. Pero el aula estaba más silenciosa de lo acostumbrado. Se respiraba un poco de tensión en el ambiente. Esperábamos que volvieran los primeros compañeros que habían bajado a vacunarse.

La espera se me hizo bastante larga; mi nombre figuraba a mitad de una lista de casi treinta niños (sí, ya había overbooking escolar para entonces). Como ya me consideraba una niña grande, me reprimí los nervios como pude, convenciéndome a mí misma de que no era para tanto. Es decir, estaba “cagadita de miedo”.

Pero ya dicen que no es valiente el que no tiene miedo, sino el que domina el miedo que tiene. Así que me aguanté y me hice la dura. Llegó mi turno y bajé a la planta baja, a la sala de profesores, donde habían montado la enfermería provisional. En el pasillo todavía quedaban unos cuantos compañeros haciendo cola para vacunarse. Yo me quedé quieta y continué aparentando que no pasaba nada.

Después de una espera que se me hizo eterna, llegó mi turno. Al entrar por la puerta, sentí ese olor a medicina típico de los hospitales. A mí siempre me había parecido un aroma enfermizo -nunca mejor dicho-. Pero esta vez no había una señora gorda vestida de azul o blanco, sino dos señores vestidos de calle rodeados de material clínico. Fueron bastante amables (y no me vinieron con el cuento del mosquito). Me arremangué el brazo derecho mientras preparaban la jeringuilla. Me pasaron el algodón impregnado de alcohol (“el algodón no engaña”) y, acto seguido, me pincharon.

Prueba superada, no había reventado en llanto cual globo al contacto con una aguja. Volví a mi clase, orgullosa de mí misma, y me senté de nuevo en mi sitio. Continué con los deberes, dispuesta a olvidar el mal trago. Pero no sabía lo que se me venía encima.

Al poco de sentarme, empecé a notar como el brazo derecho se me adormecía. Acto seguido, sentí que ese adormecimiento me pasaba a todo el cuerpo. Le dije a Sandra, mi compañera de mesa: “Me siento floja…”. Y ya no recuerdo nada más, tan sólo que todo se oscureció.

Cuando abrí los ojos, mi tutora, doña Juanita, y toda la gente de clase habían hecho un corro alrededor mío. Pensé: “Ah… qué sueño… más raro…”. Pero, por desgracia, no era un sueño. Cuando volví a ser consciente de la realidad, me di cuenta de que estaba tumbada en el frío suelo del aula y doña Juanita me llamaba repetidamente por mi nombre.

Me parecía mentira lo que estaba sucediendo en aquel momento. Me había desmayado. A medida que iba recuperando la consciencia, fui notando un dolor intenso en la parte derecha de la frente. Me estaba saliendo un buen chichón por haber caído de lado al suelo. Finalmente, comprendí que aquello no era para nada un sueño, aunque seguía bastante aturdida y mareada.

Doña Juanita me mandó quedarme en el suelo, con las piernas elevadas sobre una silla. Era invierno y el suelo estaba helado. Mientras la profesora salía para llamar a mi casa, Sandra me trajo mi abrigo y me arropó. Me dijo: “Cuando vi que te ibas cayendo, intenté cogerte, pero no llegué a tiempo y no te alcancé por los pelos…”. Bueno, la intención se agradece.

De hecho, Sandra estuvo tan amable conmigo que le dije: “Algún día serás una buena madre”. Ella se me quedó mirando y se rió. Debió pensar que me habían inyectado algo raro junto con la vacuna.

Menuda mañanita. Yo había intentado por todos los medios hacerme la valiente. Y acabé desmayada como una dama de película ambientada en el siglo XIX. Sólo me hubiera faltado ponerme la mano en la frente y decir: “Ah, me desvanezco…”.

Ahora tenía otro complejo que añadir a la lista. Y, para colmo, le había cogido manía a las jeringuillas (lo que tampoco podría ser necesariamente malo). Lo peor de todo era que, al cabo de tres meses… ¡íbamos a repetir la vacuna!

La siguiente vez me volví a marear, pero doña Juanita estaba prevenida y me colocó junto a la ventana, a la vez que no dejaba de abanicarme. Y que una profesora te abanique en vez de ponerte deberes es un lujazo, la verdad. Aquello fue el principio de mi odisea con las agujas: que si sentada o tumbada, que si me empiezo a marear, que toma el aire, eleva las piernas, etc. ¿Tan sensible era? ¿Me había convertido en una tiquismiquis sin remedio?

Hace tiempo descubrí un artículo que explicaba por qué algunos sufrimos desmayos y mareos por los pinchazos. Es un efecto llamado “síncope vasovagal”. Resumiendo, pertenezco a un pequeño grupo de población cuyo nervio regulador de la circulación sanguínea mete la pata cada vez que una aguja se mete de por medio. Si alguien lo ha entendido, enhorabuena.

Y ahí me tenéis cada vez que hago la cola de las analíticas, por culpa del dichoso nervio, pidiendo que me pinchen tumbada (que a las ocho de la mañana no está tan mal). A este nervio en particular se le llama el nervio vago, pero creo que el mío debería llamarse el nervio tonto.

Información sobre el síncope vasovagal:

►Wikipedia: Síncope Vasovagal

►Web del corazón: ¿Qué es un síncope vasovagal?

►Temps Fugit (blog): Síncopes vasovagales – Desmayos repentinos

P.D.: Los años han pasado, y me he dado cuenta de que tengo buen ojo para la gente… Mi compi Sandra es actualmente la dulce mamá de una preciosísima niña. (¡¿Lo ves?! ¡Te lo dije, te lo dije!) 😀

Anuncios
10 comentarios leave one →
  1. Marta permalink
    19 septiembre, 2009 18:14

    ¡Me ha encantado! Y he entendido lo del síncope vasovagal… ^_^

  2. 20 septiembre, 2009 15:15

    Nunca me he desmayado, pero lo hubiera hecho feliz de la vida en cada ocasión que me inyectaron. Recuerdo muy bien lo que describes con tanta exactitud!

  3. 22 septiembre, 2009 06:35

    Marta: de ti no esperaba menos, ¡trabajas en el hospital! 😀

    Carmen María: no sé cuanto odias las inyecciones, ¡pero te aseguro que desmayarse es mucho peor! No tiene nada que ver con dormirse, espero que nunca te suceda… 😯

  4. 22 septiembre, 2009 09:07

    Que buena entrada, te entiendo totalmente. Ciertas cosas de la medicina también me produce algo… mareo, etc. Aunque no tenga miedo. Una vez me pusieron suero y veía de todos colores.

    Nunca me he desmayado por suerte 🙂

    Un saludo, me gustó tu entrada, muy entretenida.

  5. 22 septiembre, 2009 15:16

    Me alegra que te gustara, quería quitarle hierro a la aguja, digo, al asunto. 😉

  6. 24 septiembre, 2009 19:19

    Me encantó la historia, Zilniya! Lo más riesgoso de todo el asunto es el chichón en la cabeza por el golpe, todo lo demás es, como bien decís vos, un “lujazo”… jaaaaaaaaaa!

  7. 23 octubre, 2009 23:55

    «¡Aaaah, me desvanezco!» Ja ja ja ja…

    Veinte años más tarde, en la reunión de excompañeros, Zilniya provocó desmayos al mostrar sus múltiples y muy radicales piercings 😉

    • 25 octubre, 2009 13:25

      ¡Qué nadie se confunda! Los únicos piercings que llevo son los de las orejas, de cuando era bebé y no me acordaba de los pinchazos!!! @_@ (Casi me desvanezco con tu comentario…) XD

Trackbacks

  1. Bitacoras.com
  2. LA DECLARACIÓN DE LA… BITÁCORA « ECOLOGISMO LITERARIO

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: