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¿Dónde estoy?

15 mayo, 2009

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Cuando desperté, no creía lo que veían mis ojos. Aquella no era mi habitación. Recordaba que en mi habitación entraba bastante luz, pero lo que estaba viendo era diferente. Entraba mucha más luz y, en cuanto mis ojos se acostumbraron, pude divisar por la ventana un bosque casi a pie de la casa.

 

“Esto no es posible”, pensé. “Estoy viendo el bosque desde una planta baja… ¡Pero si yo vivo en una cuarta planta en medio de la ciudad!”…

 

Dispuesta a descubrir cómo corcho había ido a parar ahí, fui a echar una ojeada a la casita en la cual me había despertado. Era pequeña, bastante modesta, y los muebles desentonaban unos de otros, como si hubieran sido comprados de uno en uno en diferentes establecimientos. Las cortinas… sin comentarios, eran de un tul blanco gastado y sucio, se veían muy cutres.

 

Pero lo más extraño de todo -aparte de no recordar cómo carajo había llegado allí- era que aquel lugar me resultaba curiosamente familiar. “Yo ya he estado aquí…”, pensé para mis adentros. ¿Habría sido víctima de un ataque de amnesia?

 

 

¡¡¡POM!!!

 

 

Me giré asustada, un golpe seco acababa de sacarme de mis cavilaciones. Corrí hacia la puerta de la casa y me fijé en que estaba abierta. Traté de cerrarla como pude (el pestillo era viejo y cerraba mal). Pronto pensé que, al ser una casa de campo, debía tener una puerta trasera, así que corrí para allá.

 

 Intenté cerrarla también, pero con esta no había manera posible. “Ciérrate, por favor…”, cada vez estaba más nerviosa. “Ciérrate… ¡Ciérrate, maldita sea!”.

 

 

¡¡¡EH!!!

 

 

Abrí los ojos. Aquella era mi habitación. Recordaba que en mi habitación entraba bastante luz y, en cuanto mis ojos se acostumbraron, pude divisar por la ventana los edificios que se podían contemplar desde una cuarta planta en medio de la ciudad.

 

Había alguien sentado en una esquina de mi cama.

 

– Oye, ¿estás bien? Parecías un poco alterada… – me dijo.

– ¿Eh? Ah, Marina…

 

Me incorporé y vi claramente a mi compañera de piso.

 

– Marina, ¿qué harías si despertaras en un sitio distinto a este?

– ¿Mmh? ¿A qué viene eso?

– Estooo… Nada, es que… creo que tengo una idea… para un relato… – Todavía estaba un poco adormilada.

– ¿Para publicarlo en ese blog del que me hablaste?

– Sí, sí…

– Vale, luego me cuentas, ahora me tengo que ir.

– Hasta luego…

 

Abrí los ojos. Aquella SÍ era mi habitación. Recordaba perfectamente que en mi habitación entraba poca luz y, en cuanto mis ojos se acostumbraron, no pude divisar nada por la ventana porque la persiana estaba bajada, como cada mañana, en aquella cuarta planta en medio de la ciudad.

 

Esta vez no me equivocaba, mi inconsciente había terminado su juerga y se había ido a dormir, mientras que mi consciencia tomaba el relevo. No había nadie más en mi cuarto. Pero pude oír que mis padres ya estaban levantados, al fin y al cabo, era SU piso.

 

No era la primera vez que tenía un doble sueño, creo recordar, pero esta vez había sido una experiencia interesante. En cuanto llegara a la biblioteca, apartaría un rato para escribir un relato como me venía prometiendo hacía semanas. Eso sí, nada de comentarle la idea a mi madre. Sólo serviría para que me soltara el mismo cuento de siempre: “¡Déjate de tonterías y estudia cosas útiles!”

 

No, si es que estoy de acuerdo con ella, eso me facilitaría hacer realidad mis sueños… Mientras que me ayude a mí misma a no olvidarlos.

 

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