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Manual del coyote para atrapar a un correcaminos

2 mayo, 2009

“¡Mec, mec!” (Geococcyx velox, alias el correcaminos)coyote-y-correcaminos

Da igual lo ingenioso que sea el coyote. Nunca atrapará al veloz correcaminos. Al menos, eso era lo que se mostraba en la serie de televisión. Pero si la ficción trata de desafiar a la realidad, la realidad también toma la revancha y desafía a la ficción.

En el año 1991, en el colegio de Puig d’en Valls, el equivalente humano al correcaminos era un chaval rubio y delgado como un fideo llamado Antoni. Iba a mi misma clase. Y con sólo nueve años ya era un campeón benjamín de atletismo, con unas cuantas medallas en su haber.

¿Y quién era el ingenioso coyote? Pues era yo, la Raquel, alias “la empollona”. Sacaría las mejores notas de la clase, pero de cerebro para abajo mejor ni hablemos. En resumidas cuentas, me aprobaban educación física por lástima. Y eso me daba mucho complejo…

Aquel año, todos en clase estábamos locos por el juego del pilla-pilla. Nos pasábamos cada recreo jugando a eso: los chicos pillaban durante el primer recreo y las chicas, en el segundo. Yo odiaba ser pillada, ya que era la que menos corría y me cogían enseguida. Me tenía que pasar el recreo entero sentada en la “cárcel”, un banco de piedra largo que usábamos para “encerrar” a los pillados.

Pero cuando nos tocaba pillar a las chicas, era otra historia. Ahí entraba en juego mi ingenio de coyote. Consciente de que jamás cogería a nadie corriendo tras él, lo que hacía era colocarme en medio de un estrecho pasillo, “bloqueándolo”. Era una de las salidas de la zona de la “cárcel”, que conectaba con la parte trasera del patio. Yo tan sólo me dedicaba a “montar guardia” allí. Y estaba satisfecha, ya que la táctica funcionaba. Niño que pasaba por allí, niño que volvía a la “cárcel”. Uno de los chavales llegó a apodarme “tiburón”, por lo efectiva que era. Aunque el mote no me hacía tanta gracia…

Y así me hubiera pasado todo el curso. Sin embargo, cierto día, ya harta del trabajo fácil, abandoné por una vez mi puesto de siempre y empecé a recorrer todo el patio para probar suerte. Enseguida acabé cansada de correr, y sin haber podido pillar a nadie. Mientras me preguntaba por qué había abandonado mi cómodo puesto en el pasillo, le vi. El correcaminos. Es decir, Antoni.

Estaba parado a un lado de la pista de baloncesto. Tenía las manos apoyadas en las caderas y jadeaba de agotamiento. Era evidente que acababa de huir de alguna de mis compañeras. Pero a mí no me había visto.

En la serie, el coyote era el eterno perdedor. Pero algo que poca gente tenía en cuenta era que nunca se rendía. Y por eso estaba yo allí. No me bastaban un par de peces pequeños, quería saber qué se sentía al cazar el pez gordo.

Antoni estaba de espaldas a mí. Me acerqué muy sigilosamente, en posición de “menudo susto le voy a dar”, y… “¡Te pillé!”, grité triunfalmente mientras le agarraba bien fuerte de la camiseta para que no se me escapara.

No es que fuera la primera vez que alguien pillaba a Antoni. Pero cuando giró la cabeza para ver quién le tenía agarrado, casi se le salen los ojos de las órbitas. Se echó una mano a la frente y exclamó: “¡Noooooooo…!”. ¿Qué peor humillación podía haber para un joven campeón de atletismo que ser pillado por la menos ágil de la clase?

Como si del trofeo del mundial de fútbol se tratara, llevé toda orgullosa a Antoni a la “cárcel”. Cuando nuestros compañeros de clase nos vieron a ambos, se quedaron boquiabiertos. Más de uno dijo: “Pero, Antoni, ¡¿qué te ha pasado?!”. Nadie se lo creía. Ni siquiera yo.

Por una vez en la vida, hasta el coyote se salió con la suya.

Moraleja: “Más vale maña, que velocidad”
o “La vida no es como lo pinta la Warner Bros”

5 comentarios leave one →
  1. Antoni permalink
    2 mayo, 2009 17:12

    jajajajaja me he reido mucho, que bueno🙂 la verdad que a medida que lo iba leyendo.. me he acordado del momento y todo! xDDDDDDD

  2. Patricia permalink
    4 mayo, 2009 21:21

    jajajajaja acabo de leer el manual de como pillarlo!!no tiene desperdicio…en realidad parece un documental de Feliz Rodríguez de la Fuente(depredadores)jeje

  3. 10 agosto, 2009 14:12

    Buenísimo, Zilniya! Me encantan las historias con final feliz… siempre quise que el Coyote atrapara a… Antonini! genial!

    • 11 agosto, 2009 11:39

      Jejjejeje! Me alegro de que te hayas divertido con el relato! Sí, cuando veía la serie, sentía compasión por el coyote. Además, hace no mucho tiempo, le enseñé el relato al ‘coyote Antoni’ e incluso a él le gustó!😄

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