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Con oído atento (Los sentidos, 1ª parte)

15 enero, 2012

 

Hace un tiempo me preguntaron qué es lo que más me inspira. Respondí de forma genérica que TODO. Y sin exagerar. Se trata de tener una actitud abierta y de observar las cosas como si fuera la primera vez, fijarse en esos detalles aparentemente insignificantes. Dejar que nuestros sentidos sean permeables.

En esta serie de los sentidos que comienzo hoy -fiel a mi filosofía de “hacer listas” y el “reciclaje literario de ideas”- la dedico al oído.

Porque cuando pongo el oído atento, descubro:

  • Que hay mares en las caracolas, riachuelos en las tuberías y tormentas de nieve en los auriculares con interferencias.
  • Los sonidos naturales del hogar cuando se apaga la omnipresente televisión: la máquina de coser de mamá, la respiración profunda y grave de papá echando la siesta, los pasos tímidos y acolchados de mi gato, las voces de los niños jugando en el patio…
  • Lo agradable de oír leer a otra persona, sobretodo si se trata del encantador timbre de un niño o niña, o el acento peculiar de una persona con acento extranjero.
  • Que hasta el silencio inspira, como cuando dos amig@s comparten un rato callados, no porque no tengan nada que decirse, sino que no les es necesario hablar para disfrutar de la mutua compañía.

¿Y tú? ¿Qué maravillas descubres cuando pones el oído atento?

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10 comentarios dejar un →
  1. 16 enero, 2012 17:15

    A mí me encanta el sonido de la lluvia a través de un cristal, y el del fuego en la chimenea, y las sensaciones que evocan en el espíritu sin mojarse ni quemarse. Y además te puedes pasar horas mirándolos, todo un placer

    • 16 enero, 2012 19:53

      ¡El sonido de la lluvia me encanta! No me atreví a ponerlo porque parece un tópico, pero es un sonido inigualable. A ello le añades el crepitar del fuego de la chimenea y tenemos un festín para los oídos. Saludos ;)

  2. 17 enero, 2012 13:12

    Cuando todo queda en silencio no se puede decir que realmente exista el silencio, simplemente se puede decir que no oyes.

    Y cuando no oyes y te esfuerzas por oír, puedes escuchar cómo alguien coge el ascensor en el rellano, oyes un pequeño burbujeo que imaginas es el aceite de freidora de la vecina que ya hace la cena. Si sigues escuchando puedes notar los pasos de los niños que viven abajo, recorriendo la casa de norte a sur, correteando como si se les fuera la vida en ello.

    Puedes oir los coches, acelerando y frenando en la calle. Los murmullos de gente que va y viene…

    Puedes escuchar una ciudad que nunca descansa, aunque tú ya hayas dejado de oír.
    :-)

    Cualquier cosa puede inspirarte.

    Un saludo.

    Oski.

  3. 18 enero, 2012 03:08

    Yo disfruto del sonido de las olas de mar, creo que es una de las experiencias auditivas más gratificantes que todos podemos tener, desprende paz y libertad. Te felicito por la creación de este espacio, acabo de descubrirte gracias a los premios de 20 blogs y he disfrutado mucho conociendo tu blog. Un saludo.

    • 18 enero, 2012 22:51

      Gracias e igualmente, me ha gustado tu blog, en especial el post dedicado a “La lista de Schindler”. Y remarcando el tema del oído, una película con una BSO que te eriza la piel de emoción. Saludos :D

  4. 18 enero, 2012 17:47

    Esta muy bien el blog, no lo conocía hasta ahora, me pasaré más a menudo a leerlo. Aprovecho para felicitarte el 2012, un saludo!!

  5. 20 enero, 2012 15:02

    El sonido de la lluvia me suena más a cliché que a otra cosa, y es muy subjetivo, pues en cada quien genera emociones distintas; y auqnue también es cliché, me gusta el sonido del viento cuando pasa a travéz de algo: Árboles, rejas, callejones…

    En especial, disfruto el sonido que hay cuando se pasan las hojas de un libro, y el sonido es diferente dependiendo del material de la hoja y de que tan viejo sea el libro.

    Saludos. Nos leeremos.

    • 21 enero, 2012 01:36

      Hay clichés que son deliciosos para los sentidos. Por algo llegaron a ser clichés, porque (a veces) sí llueve a gusto de todos. ;) El viento es un niño que sopla y sopla hasta que por fin consigue silbar tal como quería. Y los libros de papel tienen voz propia según su edad y composición: el papel rasposo y pesado de los libros antiguos o el fluido y suave de los nuevos.
      Saludos Zadel.

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