Fiesta en el reino
Hoy es día de fiesta en el reino, así que me pongo mi mejor vestido y salgo en dirección a las murallas protectoras que rodean la ciudad alta. Cruzo el gran portalón, ahora abierto y vigilado por sendos guardas impertérritos, lanzas en mano, los cuales dejan escapar alguna mirada furtiva a las bellas mozas del lugar.
Las calles están llenas de puestos llenos a rebosar de verduras, fruta, carnes, conservas, frutos secos y otros manjares. También hay hierbas, especias y remedios de toda clase, cuyo aroma se mezcla con el de los alimentos, el olor de las calles y la multitud…
Las tenderas y los boticarios gritan a voz en cuello sus viandas y elixires, mientras suena el repiqueteo de un martillo sobre el yunque, dando forma a espadas y herraduras. A las afueras del castillo, en la plaza mayor, el bullicio abre paso a un grupo de hábiles saltimbanquis, formidables tragafuegos, graciosos enanos y poéticos juglares, todos con ropajes llamativos.
Un gañán con cara de pillo intenta venderme alguno de sus cachivaches entre piropos y halagos no sentidos. Me dirijo más bien a una florista con el cesto rebosante de flores secas y por unas pocas monedas me hago con una hermosa corona de flores azuladas, como mi vestido.
Mientras tuerzo por un callejón empedrado, los niños…
- ¡Riiiiing, pip, pip, riiiiing! – Saco el teléfono móvil y contesto. – ¿Sí?
- …
- No, no estoy en casa, he salido…
- …
- En la feria medieval, por el centro…
- …
- Sí, sí, está muy chulo… ¿Dónde estás?
- …
- Vale, te espero en media hora en la parada del bus.
- …
- Sí, hasta luego… – Le doy al botón de ‘colgar’ y guardo el móvil.
Como iba diciendo: mientras tuerzo por un callejón empedrado, los niños me adelantan en una de sus corridas, equipados con rudimentarias espadas de madera, soñando (como yo sueño) con una época de princesas y caballeros, bribones y vasallos, canciones y leyendas…


















